El arte del “puede ser”

El dragón chino puede ser el que vuelque el fiel de la balanza hacia un lado o el otro

La política mundial se maneja por acuerdos internacionales pero también a través de no cumplir estos acuerdos. En el pasado fue fácil identificar las causas. En la Cumbre Climática de Copenhage del 2009 hubo una clara identificación de roles: los protectores del clima europeos contra las negativas norteamericanas y chinas de firmar ningún acuerdo. Con la actual negativa de Japón, Canadá y Rusia de no prorrogar el acuerdo de Kyoto, parecía por un momento que los negadores ganarían, dado que los restantes países suscriptores de Kyoto solo podrían influir en un magro 15% a la disminución de la emisión de gases de efecto invernadero – demasiado insignificante como para sostener efectos en el largo plazo. Paralelamente la debilitada eurozona dentro del escenario de crisis actual hace mas difícil para los europeos flexionar su músculatura.

Los delegados que viajaron a Durban llegaron con sus bolsillos flacos y las expectativas bastante mas que disminuidas. Pero justamente, en la de Sudáfrica, de todas las reuniones cumbre y solo un año previo a que venza el protocolo de Kyoto la delegación china sorprendió al mundo con un sorpresivo “puede ser”; puede ser que el reino milenario considere llegar a acuerdos sustanciales de acotar emisiones espúreas para el año 2020.

De acuerdo con las estimaciones de politólogos del clima, China se abrió a dos opciones con esta posición. Si China se une a la posición de los EEUU, esto conllevaría a una fuerte coalición “Pacífica” sin ninguna preocupación por las cuestiones climáticas. Observadores creativos de nuestros tiempos ya han acuñado el término “Chimerica” para esta entente. Las energías renovables ya  no jugarían un rol determinante en esta unión y el gas de esquistos (shale gas) y la energía nuclear dominarían el panorama.

Si por otra parte China se adhiere a las demandas europeas, una arquitectura mundial completamente diferente podría surgir. Una fuerte área económica eurasiática liderada por la poderosa economía China podría surgir con Europa como el socio minoritario con un mercado de energías renovables “made in China”.  Al mismo tiempo, los EEUU quedarían aislados en la posición de los únicos pecadores climáticos. China se beneficiaría además con esta “ruta verde” al eliminar las nefastas consecuencias sociales del cambio climático en un país tan sensible al mismo.

Con este “puede ser” China ha dejado las dos puertas abiertas y aún se puede especular que habrá determinantes discusiones dentro del gobierno chino por cualquiera de las dos opciones. Con esta indefinición China pateó la pelota para adelante para ganar tiempo en sus decisiones.

Pero el hecho desastroso es que el cambio climático no da respiro para tomarse tanta pausa y una clara respuesta China a los países que tratan de obtener objetivos firmes en esta lucha hubiera tenido un gran efecto en Durban. En el juego político mundial este “puede ser” podría representar  una jugada inteligente frente a los países preocupados por el calentamiento global pero el cambio climático no se va a detener con jueguitos para ganar tiempo. Lo que efectivamente se requiere es un fuerte e ineludible compromiso hacia la generación de energía en forma sustentable.

Autor: Dr Volker Buddensiek. Editor en jefe de la revista Sun & Wind Energy


 

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